Como dijo aquel poeta
ā€œCaminante no hay camino, se hace camino al andarā€
y eso en Sevilla , es juramento de lealtad.
Es el pueblo el que camina buscando a Dios
perdido entre la arboleda de las plazas
el que Lo busca entre la aƱoranza del marfil
escondido en el barrio del porvenir,
el que Lo busca dando izquierdos
queriendo desde pequeƱo ser costalero de su Cristo del Soberano Poder.
Sevilla Lo busca en la plata luchando con la piedra en San Esteban
o en la Salud Torera
que sale desde San Bernardo cuando se acerca la luna llena.
La ciudad lo busca en las verdes mariquillas de la Rosa de San Gil
o en el ancla que engalana Triana
seƱa de identidad, de la que es hija de Santa Ana.
Lo busca y Lo llora con la pena de aquel que no ve Sevilla,
muriendo en Castilla,
Lo busca por San Gregorio
y en el Cristo Yacente de todas la imƔgenes, la mƔs hiriente
Perdona que te corrija, Sevilla
pero Dios no se busca, a Dios se le encuentra,
en la forja de sus balcones,
en la pobreza de los pobres,
en el amor de nuestros corazones
en la bondad de las Hermanas de La Cruz,
o en el Astro Rey que derrama la luz.
Dios quiso dejar a Su hijo en San Lorenzo
al refugio del pueblo que le profesa devociĆ³n y cariƱo
aƱo tras aƱo, siglo tras siglo,
pobre el que no crea en tu divina enseƱanza
que es la divina majestad
que no hay tesoro mƔs grande que el que Sevilla quiere tener
que lo encuentra en San Lorenzo y es el SeƱor del Gran Poder.

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