Miércoles Santo es quizás el día más ciezano del año. Comenzaba la jornada a las 17:30 con los alegres pasacalles de los Tercios Infantiles de las cofradías de la Oración del Huerto, la Samaritana y Beso de Judas. Estas tras hermandades ponían en la calle sus pasos infantiles a ritmo de pasodoble, constituyendo una delicia para el espectador ver como los más jóvenes jugaban muy en serio a ser procesionistas, a ser penitentes, a ser anderos. Es la muestra patente de que en Cieza la pasión se lleva en la sangre.

Un poco más tarde, a las 18h, comenzaba otro de los eventos más tradicionales de la Semana Santa Ciezana: la Traida de los Santos. Desde su antigua cochera, la Cofradía de San Juan ponía a su titular y a su paso infantil en la calle al ritmo de su popular himno-pasodoble, que le compusiera el maestro Antonio León a finales del s.XIX. Ambas imágenes, palma al viento, recorrieron arrastrados por el rio blanco de sus cofrades las calles más céntricas de la ciudad, buscando la Basílica de la Asunción. Cumpliendo también con esta tradición, Santa María Magdalena salió al son de “La Tuna Pasa” a desfilar en alegre traslado-pasacalles con su paso infantil, llegando a la Casa-Museo de la Semana Santa apenas una hora antes de que comenzara la gran procesión del Miércoles Santo: la Procesión General.

Con el himno nacional, a las 21 horas se ponía en la calle el paso de la Samaritana, comenzando la solemne y ciezanísima Procesión General, una procesión que relata la Pasión de principio a fin. Tras el pino de la Samaritana, que pedía de Cristo agua viva junto al pozo de Jacob, los Dormis ungieron a Cristo en Betania por medio de la mano de Carmen Carrillo. Por Lozano Roca prendieron a Cristo en Getsemaní los del Beso de Judas y los Armaos, el Tercio Romano del Santo Sepulcro, se lo llevaron preso. San Pedro de Palma Burgos lloró haber negado a Cristo al cantar el gallo y los del Nazareno coronaron a Cristo de Espinas por décimo año, no sin que antes los del Cristo de la Agonía nos mostraran con González Moreno el paso de la Flagelación, recibiendo el Cristo los azotes de los inmortales “Judios”. San Juan nos enseñó a Cristo Sentenciado, el majestuoso Ecce Homo de González Moreno, y la Santa Verónica, luciendo joyas y turbante como antaño, salió a la Via Dolorosa a secar el rostro de Jesús. Muerto en la Cruz nos lo mostraban los del Cristo del Perdón, por quien repicaban las campanas del Convento a su paso por la puerta del templo donde reside la imagen todo el año y de donde es Señor. Y tras Santa María Magdalena, llorando apenada la muerte del Maestro con el abrigo de su magnífico manto bordado, el Señor de Cieza, el Santo Cristo del Consuelo, ponía en pié a todo ciezano que lo veía pasar. Las bombas rojas de su trono se reflejaban en las lágrimas de su Madre de los Dolores, que salía siendo ya Jueves Santo a las calles de Cieza, cerrando con su doloroso llanto la Procesión General.

Conforme se fueron recogiendo los pasos, que estuvieron cerca de tres horas respectivamente en la calle, en los cofrades ciezanos crecía el miedo por lo que pudiera suceder. La entrada del Santo Cristo y de la Dolorosa, cerrando la procesión a eso de las 3 de la madrugada, la vimos en Cieza mirando al cielo y pidiendo que pasara de nosotros el amargo cáliz de la lluvia, que amenazaba con truncar la Semana Santa siendo aún Miércoles Santo.

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