Nuestro Padre Jesús Cautivo, más conocido como “El cautivo de San Pedro”, es una de las imágenes cristíferas más devocionales de Nuestra ciudad.

El inicio de la gran  devoción a esta imagen, se remonta a los años posteriores a la Guerra civil española, pues, tras quedar derruidas la mayoría de iglesias e  imágenes de nuestra ciudad, el párroco de San Pedro, Don Julio Guzmán, se propone recuperar la devoción perdida hacia Dios a través de las imágenes, reponiendo así, el culto en la Parroquia Mayor del Barrio Alto de Huelva , una de las más perjudicadas de las iglesias de nuestra ciudad.

De este modo en 1940 encargaría a José Bidón la talla de un Cristo Cautivo para la parroquia, firmando el contrato de la realización de la talla el mismo párroco y su coadjutor José Muñoz.

Desde 1940, año en el que llega a Huelva, se forma en torno al Cautivo, una gran devoción que traspasaba la frontera de la propia capital, ya que son cientos las personas que cada año se acercaban y hoy día se acercan a su besapié desde la provincia para poder contemplarlo.

Los primeros viernes de marzo, día de su onomástica y en la que el señor se encuentra en besapié,  podemos ver colas de fieles que llegan hasta la plaza de San Pedro e incluso pasan por la Sacristía de dicho templo. De hecho, gracias a esta gran devoción se propone hacer este besapié  incluso se le encarga un retablo para él.

El besapié se mantiene durante todo el mes de marzo y durante la Semana Santa se  expone en el altar de la patrona de Huelva, justo en las puertas de la Sacristía de la Mayor de San Pedro.  Gracias a su grupo parroquial se recuperan los cultos del señor así como su triduo. Además, desde 2010, cada cuaresma se lleva a cabo un solemne Via + Crucis por las calles de la feligresía de la parroquia.

Como datos de interés, este cautivo procesionó el 6 de marzo de 1949, promovido por la archidiócesis. También, se cuenta que esta imagen es una retalla del romano del desaparecido misterio del  traslado al sepulcro de la Hdad. del Santo Entierro. Podemos, desde aquí asegurar que es simplemente una leyenda popular, ya que este romano se encontraba en el campanario de San Pedro y fue quemado en los tristes sucesos de la Guerra Civil.

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